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lunes, 21 de marzo de 2011

Mozart... Berg ....Liszt... Bartók... Hélène Grimaud piano RESONANCES


 Hélène Grimaud piano   RESONANCES

 HQ MP3 · 126 MB.... Recorded September 2010 in Rundfunk-Zentrum, Berlin




CD:
WOLFGANG AMADEUS MOZART (1756–1791)
Piano Sonata No. 8 in A minor K. 310 (300d)
ALBAN BERG (1885–1935)
Piano Sonata op. 1
FRANZ LISZT (1811–1886)
Piano Sonata in B minor S 178
BÉLA BARTÓK (1881–1945)
Román népi táncok BB 68






Es muy estimulante ver a un equipo de entusiastas de la música clásica ofrecer un servicio de alcance internacional, pero también accesible y adaptado a las necesidades de cada cliente.", ( Muso Magazine, Julio 2010)




Hélène Grimaud nació en Aix-en Provence en el sur de Francia en 1969. Estudió con Jacqueline Courtin en el conservatorio de allí y posteriormente en Marsella con Pierre Barbizet. A la edad de 13 años fue aceptada por el Conservatorio de París, donde ganó el primer premio en piano en 1985. En julio, inmediatamente después de graduarse, grabó la Sonata de Rachmaninov no. 2 y la completa Etudes Tableaux, op. 33 ( Grand Prix du Disque , 1986). Estudió, además, con Gyorgy Sandor y Leon Fleisher. El año 1987 marcó un punto de inflexión decisivo en su carrera con apariciones en el MIDEM en Cannes y en el festival de piano de La Roque d'Anthéron, su primer recital en Tokio y Daniel Barenboim le hace invitación para tocar con la Orquesta de París. Hélène Grimaud desde entonces ha actuado con muchas de las principales orquestas del mundo y los conductores de renombre.


Alban Berg

(Viena, 1885-id., 1935) Compositor austriaco. La ópera del siglo XX tiene en Alban Berg a uno de sus compositores más representativos e influyentes. Sus dos incursiones en este género, Wozzeck y Lulu, constituyen dos obras maestras que han ejercido una notable influencia en varios autores contemporáneos, como el británico Benjamin Britten, los alemanes Hans Werner Henze y Bernd Alois Zimmermann, y el ruso Alfred Schnittke, entre otros.

Discípulo de Arnold Schönberg desde 1904, la carrera compositiva de Berg había comenzado algunos años antes, cuando, sin apenas haber recibido instrucción musical reglada alguna, escribió breves melodías con acompañamiento de piano, algunas de las cuales serían recuperadas, revisadas y orquestadas por el propio compositor bajo el título Siete lieder de juventud.

El contacto con Schönberg y con su condiscípulo Anton Webern –con los que integra la llamada Segunda Escuela de Viena– le facilitó el conocimiento necesario de las formas y técnicas musicales sobre las que cimentaría su estilo, que, en sus obras más personales y maduras se caracteriza, por un lado, por un obsesivo grado de perfección formal y, por otro, por un exacerbado lirismo que hunde sus raíces en el Romanticismo poswagneriano de autores como Gustav Mahler, Franz Schreker y Hugo Wolf.

En su música, esta tradición coexiste con la aplicación de las nuevas técnicas de composición propugnadas por su maestro Schönberg, el atonalismo (Cuarteto de cuerda Op. 3, Altenberg-Lieder, Tres piezas para orquesta, Wozzeck) y el dodecafonismo (Suite lírica, El vino, Lulu, Concierto para violín «A la memoria de un ángel»), pero adaptadas en todo momento a su personal modo de hacer, del que no quedan excluidas las referencias al sistema tonal tradicional. Este eclecticismo y la indudable calidad comunicativa de su música explican el favor de que su obra goza entre el público en general, incluido aquel no especialmente afecto a la música contemporánea.


Bela Bartok

(Nagyszenmiklós, hoy Sinnicolua Mare, actual Rumania, 1881-Nueva York, 1945) Compositor húngaro. Junto a su compatriota Zoltán Kodály, Bela Bartok es el compositor más importante que ha dado la música húngara a lo largo de su historia y una de las figuras imprescindibles en las que se fundamenta la música contemporánea.

Hijo de un maestro de la Escuela de Agricultura de Nagyszenmiklós, los siete primeros años de vida del futuro músico transcurrieron en esta pequeña localidad, hoy perteneciente a Rumania. Fallecido su padre en 1888, su infancia se desarrolló en las diversas poblaciones húngaras a las que su madre, institutriz, era destinada.

Aunque los primeros pasos de Bartok en el mundo de la música se decantaron hacia la interpretación pianística (en 1905 llegó a presentarse al prestigioso Concurso Rubinstein de piano, en el que fue superado por un joven Wilhelm Backhaus), pronto sus intereses se inclinaron decididamente por la composición musical. De trascendental importancia fue el descubrimiento del folclor húngaro que Bartok, junto al mencionado Kodály, estudió de manera apasionada de pueblo en pueblo y de aldea en aldea, con ayuda de un rudimentario fonógrafo y papel pautado.

Su influencia en su propia labor creadora sería determinante, hasta convertirse en la principal característica de su estilo y permitirle desvincularse de la profunda deuda con la tradición romántica anterior –en especial de la representada por autores como Liszt, Brahms y Richard Strauss– que se apreciaba en sus primeras composiciones, entre las que figura el poema sinfónico Kossuth.

No sólo el folclor húngaro atrajo sus miras: también lo hicieron el eslovaco, el rumano, el turco o el árabe. Con todo, no hay que pensar por ello que en sus obras se limitara a citarlo o a recrearlo, antes al contrario: el folclor era sólo el punto de partida para una música absolutamente original, ajena a los grandes movimientos que dominaban la creación musical de la primera mitad del siglo XX, el neoclasicismo de Stravinski y el dodecafonismo de Schönberg, por más que en ocasiones utilizara algunos de sus recursos.
Si bien en algunas composiciones se conserva total o parcialmente la melodía original (Cuarenta y cuatro dúos para dos violines), en otras, sobre todo en las más maduras, se asiste a la total absorción de los ritmos y las formas populares, de manera tal que, pese a no existir referencias directas, se advierte en todo momento su presencia. Páginas como las de la única ópera escrita por el músico, El castillo de Barba Azul; los ballets El príncipe de madera y El mandarín maravilloso; el Concierto para piano n.º 1 y el Allegro bárbaro para piano contribuyeron a hacer de Bartok un autor conocido dentro y fuera de las fronteras de su patria, a pesar del escándalo que suscitaron algunas de ellas por lo atrevido de su lenguaje armónico, rítmico y tímbrico.

Profesor de piano en la Academia de Música de Budapest desde 1907 y director adjunto de esta misma institución desde 1919, en 1934 abandonó los cargos docentes para proseguir su investigación en el campo de la musicología popular, al mismo tiempo que, como pianista, ofrecía recitales de sus obras en toda Europa y continuaba su tarea creativa, con partituras tan importantes como Música para cuerdas, percusión y celesta y la Sonata para dos pianos y percusión.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial le obligó, como a tantos otros de sus colegas, a buscar refugio en Estados Unidos. Allí, a pesar de algunos encargos puntuales como la Sonata para violín solo o el Concierto para orquesta, Bartok pasó por serias dificultades económicas, agravadas por su precario estado de salud. A su muerte, a causa de una leucemia, dejó inacabadas algunas composiciones, como el Concierto para piano n.º 3 y el Concierto para viola, ambas culminadas por su discípulo Tibor Serly

*** Extr: de material del CD, archivos y W.S.  : Deutsche Grammophon, Biografías y vídas.

Muchas gracias a todos.

KARL.